domingo, 12 de enero de 2014

Del ciberespacio al ecosistema digital


Vamos a intentar sintetizar y reflexionar de manera breve y esquemática sobre el origen del ciberespacio. Fue a finales de los años 40 en Estados Unidos e Inglaterra que aparecen los primeros "ordenadores". Se trataba de calculadoras con unos programas básicos que realizaban determinadas tareas de manera automática. Esos primeros ingenios técnicos se caracterizaron porque se trataba de máquinas cuyo uso estaba restringido a ámbitos militares y reducidos grupos de investigadores universitarios.

Un momento crucial tiene lugar en los años 70 cuando se comercializan los primeros "microprocesadores" que eran pequeñas unidades de cálculos aritméticos y lógicos instalados en unas pequeñas unidades denominadas "chips electrónicos". La posibilidad de utilizarlos a la sociedad civil da lugar a un importante proceso de crecimiento económico, aparición de una industria que generó la producción de maquinaria que desempeñaba tareas rutinarias y pesadas de manera rápida y ágil.

También en los años 70 en California un grupo de profesionales crea el primero "ordenador personal" una auténtica revolución. El ordenador iba a escapar del ámbito empresarial e iba a configurarse  en un elemento presente y, a un ritmo vertiginoso, en un producto de consumo multitudinario.

En los años ochenta la industria informática alcanza un desarrollo vertiginosos al fusionarse con la industria del entretenimiento, de los contenidos, ocio etc. surge el hiperdocumento y el CDROM convirtiéndose en instrumento de intercambio de información entre los propios ciudadanos.  Otro fenómeno tiene lugar al mismo tiempo: las redes informáticas se empiezan a tejer, a conectarse unas con otras. El número de ordenadores que se conectan a las redes se convierte en un fenómeno sin parangón en el mundo tecnológico.

Como dice Pierre Lévy en Cibercultura. La cultura de la sociedad digital (Ed. Anthropos. Barcelona 2007) las tecnologías del lenguaje digital emergen como infraestructura del ciberespacio como nuevo espacio de comunicación, sociabilidad, organización e intercambio. También es un nuevo mercado de la información y el conocimiento. La informática agrupa el conjunto de técnicas y procedimientos que contribuyen a digitalizar la información (entrada) almacenarla (memoria) a tratarla automáticamente, a transportarla y ponerla a disposición de un usuario final, humano o mecánico. 

El ciberespacio está compuesto de un sustrato tecnológico en permanente evolución y mejora. Una industria potente se encarga de ir renovando a una velocidad vertiginosa los recursos y dispositivos que permiten seguir avanzando a todo este sistema. Cada día aparecen programas, aparatos, lenguajes, infraestructuras etc. que van dotando al ciberespacio de nuevas posibilidades.

En el ciberespacio entendido como un, cada vez, más complejo soporte de carácter técnico, debemos contemplarlos como entornos extendidos e interconectados que intercambian información a través de todos sus componentes. En el ciberespacio la característica fundamental es la interacción y esta se produce entre empresas, administraciones y poderes públicos, ciudadanos, corporaciones tecnológicas etc. que están permanentemente generando, transmitiendo información, mensajes y contenidos a una escala absolutamente desconocida hasta el momento y, todo, en tiempo real. Quizás sea la inmediatez el fenómeno más definitorio y poderoso del ciberespacio. 

De este modo casi que deberíamos reconceptualizar al ciberespacio y empezar a pensar en "ecosistemas digitales" por cuanto todo este ingente proceso de interacción que tiene como intencionalidad aportar valor mutuo. Si el ciberespacio, con su sustrato tecnológico lo consideramos el biotopo (medio físico donde se producen las relaciones) todos los que actúan en el mismo son organismos vivos que interactúan podríamos hablar del ecosistema digital propiamente. Como tal ecosistema va generando sus propias normas y comportamientos específicos que permiten el desarrollo de sus habitantes bien sea individual o colectivamente. 

El ciberespacio como simple agregación física de tecnología en permanente desarrollo va dando paso de este modo a sistemas organizados de intercambio social que van asentando comunidades de valores que superan las tradicionales constricciones que nos ha procurado siempre el medio físico. Estamos ante una nueva etapa de la humanidad. ¿Cabe alguna duda?


sábado, 7 de diciembre de 2013

El contacto y el seguidor digital

Durante mucho tiempo los manuales de recursos humanos han insistido en la necesidad de generar y promover la participación de los empleados en determinados ámbitos de la empresa. En los procesos de intervención social la participación de los ciudadanos en los proyectos ha sido el vademecum para promover su empoderamiento y, la solución de los problemas. En estos casos siempre hemos hablado de la participación como hecho social que se producía en el mismo espacio-tiempo y que todos los que intervienen se pueden mirar a los ojos e interactuar físicamente.

Uno de los fenómenos de la extensión de la tecnología a todos los aspectos de la vida social es un cambio en las maneras de relacionarse y, por supuesto de participar. Se han estudiado por parte de muchos profesionales que una persona tiene una cantidad limitada de contactos durante su vida. Una persona que vive en una ciudad, tiene un trabajo y una vida social normal puede tener unas 150 personas con las que interactúa y que esto permanece constante durante toda su vida. En 1992, Dunbar, antropólogo de la University College de Londres, ha indicado tras varios estudios que el número límite se encontraba en 147,8, más o menos 150 personas que se le suele denominar como el número de Dumbar.

En las redes sociales el número de contactos parece incrementarse a cifras espectaculares. el concepto es de "contacto". Quizá deberíamos diferenciar el concepto contacto del número de Durban. Este último habla de interactuar con la otra persona y que la capacidad humana es limitada en este sentido a unas cifras. En las redes el contacto es simplemente una voluntad de interactuar entre dos personas. Pero claro, cada vez más puede que no conozcamos a esa persona y que solo tengamos una necesidad de interactuar a través del nuevo medio de comunicación digital. Se trata por tanto de una relación difusa la que se establece. Dumbar habla de relaciones basadas en la reciprocidad, confianza y obligación. En las redes sociales no creo que se pueda ir más allá de una simple reciprocidad, en un principio, claro es que sin descartar mayores o menores avances en la relación.

La red ha fabricado complejos gestores de relaciones múltiples, CRM,s y ha disparado la posibilidad de inciar contactos con muchas personas a las que ni siquiera veremos un día cerca nuestra por vivir lejos. Se han diseñado grandes programas de gestión de información que parece que nos están llevando de nuevo a aquel concepto que se desarrolló en la sociedad de los años 30 que fue el concepto de "masa".

Los "seguidores" nos sitúan también en otro elemento de reflexión. El seguidor es una persona que va a recibir información periódica de otra y que puede llegar incluso a interactuar con esta persona. Es un modelo generado entre los famosos que miden el impacto de su trabajo en el número de seguidores y que se ha convertido en un instrumento de mercadotecnia de primer orden. Mientras que con el "contacto" hay una cierta igualdad entre los dos polos, en los "seguidores" la relación basicamente es más unidireccional y prevalece un extremo de la relación frente a otro.

Desde luego hay una evidencia clara: no por tener muchos amigos y/o seguidores se es una persona más sociable ni con más amigos en el sentido definido por Durban. las redes sociales parecen empeñadas en crear otra "realidad" diferente y los ciudadanos corremos el peligro de confundir los planos de nuestra realidad.

sábado, 7 de septiembre de 2013

La escala humana de la tecnología

A menudo resulta difícil encajar determinados conceptos o procesos dentro de la escala humana. El impacto de la tecnología está siendo tan rotundo y nos permite cosas que hasta hace unos años eran impensables e inimaginables que, no en pocas ocasiones, nos provoca una crisis de escala porque nos resulta difícil pensar o dimensionar determinados acontecimientos. Se ha hablado mucho de la escala humana como factor que toma a las personas como medida primordial y el desarrollo tiene que girar sobre su medida.

Sobre esto  quisiera apuntar algunas reflexiones. Hace unos años en una visita a los yacimientos de Atapuerca en Burgos, escuchando atentamente las explicaciones de los guías, nos mencionaban los diferentes estratos sobre la trinchera del ferrocarril, sobre la que se encuentran los hallazgos, y en pocos centímetros se acumulaban miles, cientos de miles y millones de años. Aquello me produjo la idea de que como seres humanos somos una minúsculas partículas en el tiempo geológico. La humanidad se ha desarrollado durante un período de tiempo que, cuando lo contamos, nos sobrepasa y nos trasciende. Una vida humana de 80 o 90 años de duración  es algo reducido y pequeño asomado en aquellos estratos geológicos. Les aseguro que es una sensación que genera un contraste el descubrir que posiblemente, en la vida de solo uno de nosotros, podemos haber asistido a un mayor número de avances y progresos tecnológicos que  cientos, miles de generaciones de seres humanos que cazaban y se refugiaban en las cuevas y simas de las sierras burgalesas o de cualquier otro paraje de la geografía mundial.

Pero también podemos pensar en nuestro sentido en el cosmos. Si uno se pone a curiosear entre los documentales de astronomía, o visita un planetario y le narran el origen del universo, de los planetas, el ejercicio de equilibrio de las fuerzas que hacen que giren y se muevan las galaxias puede aparecer otra reflexión. El tiempo. La medición del tiempo. Soy absolutamente incapaz de dimensionar las medidas de años luz, las unidades astronómicas o cualquiera de los sistemas de medición del tiempo y el espacio para posicionarnos en el universo. 

El tiempo geológico  nos retrotrae a la evolución y el tiempo astronómico nos hace sentirnos una partícula minúscula posicionada en la dimensión inabarcable de una galaxia o un universo. Ambos sistemas de medición superan la escala humana. La tecnología y la ciencia nos va haciendo además asistir a procesos de aceleración del tiempo histórico. Cada día vemos más productos que solucionan problemas cotidianos, también es cierto que surgen otros problemas nuevos y los hábitos  se moldean para adaptarse a nuevas condiciones que renuevan la propia escala humana.

Siempre he pensado que algo a escala muy humana es algo tan sencillo como caminar. En la medida que caminamos nos posicionamos en el tiempo y en el espacio con nuestras propios recursos. Todo lo que nos rodea lo vamos midiendo con nosotros y con nuestras fuerzas. Hoy día poder establecer ese diálogo con el entorno es algo novedoso. Por eso el senderismo, el Camino de Santiago por ejemplo, nos hace re-dimensionarnos. Poder medir el entorno con nosotros. A quienes les guste caminar saben lo que le estoy contando. De hecho es un fenómeno al que en los últimos años se está aficionando muchísimas personas que, además del hecho saludable que significa, ofrece ese diálogo con lo que nos rodea y con sus dimensiones. Uno puede hacer el Camino de Santiago en AVE, en avión o en las modernísimas autovías españolas, disfrutar  desde la virtualidad de museos o entablar una relación con alguien que reside a 5.000 kilómetros de distancia. 

La tecnología nos está haciendo perder estas referencias. Evidentemente trae otras muchas ventajas que no vamos a enumerar ni a desconsiderar por sus efectos beneficiosos. Pero tiene ese matiz de  no dejar que nos midamos con nuestro entorno y adquiramos la verdad de nuestra dimensión, de nuestra escala. Creo que aunque solo sea para hacerlo en vacaciones es saludable este ejercicio de medirse a escala humana con el territorio para no perder la conciencia de donde venimos, donde estamos y donde queremos ir.




















domingo, 30 de junio de 2013

Sobre el emprendimiento social, el lucro y la empresa.


Siempre me surgen dudas cuando oigo hacer planteamientos con el concepto "ánimo de lucro". Como siempre que no tenemos claros los conceptos nos enseñaron a acudir al diccionario de la RAE, he hecho lo propio y lucro tiene dos entradas:

**lucro.**

(Del lat. lucrum).
 1. m. Ganancia o provecho que se saca de algo.

Pero también tiene una entrada como **lucrar.**

(Del lat. lucrāri).
1. tr. Conseguir lo que se desea.
2. prnl. Ganar, sacar provecho de un negocio o encargo.

Entonces me asaltan algunas preguntas cuando hablamos de emprendimiento social. Parece que el primer acercamiento trata de definir el emprendimiento desde la intencionalidad, sea con o sin ánimo de lucro. Pero si el lucro se define como conseguir lo que se desea u obtener ganancia de algo ¿el emprendimiento  no es esto sea social o no? obtener un beneficio, pero no medido en términos económicos sino sociales ¿no sería entonces lucro?.

La barrera entre ánimo de lucro y no ánimo de lucro se ha situado, según el criterio legal, en el reparto de beneficios económicos. Es el umbral en el que se diferencia una entidad social de una empresa. Existen entidades sin ánimo de lucro que obtienen numerosos y cuantiosos beneficios económicos que, en principio, tienen el mandato de reinvertirlo en sus fines, definidos como sociales. Si se reparte según criterios no sociales entre sus miembros, en principio se comete una "ilegalidad" y puede ser sancionado.

Tras algunos años de experiencia en el emprendimiento uno alcanza la conclusión que las obligaciones y deberes económicos  de una entidad sin ánimo de lucro son las mismas - con carácter general- que una sociedad limitada, por ejemplo. También desde el mundo de la empresa se trabaja en fines sociales ¿quién dijo que no? se crea empleo, conocimiento, se generan recursos que benefician a comunidades y territorios ¿no son esos fines sociales?. No entiendo que una empresa sea menos social que una entidad "sin ánimo de lucro".

Habiendo estado en uno y otro lado de esta trinchera entiendo que se puede ser emprendedor social desde el "ánimo" y desde el "no ánimo de lucro". Que las condiciones para la acción y el desarrollo de proyectos son diferentes, eso es evidente, que unas veces el conseguir lo que se desea (lucrarse) lo tienen que aportar los individuos y en otras ocasiones las administraciones.

No entiendo ni conozco ningún emprendimiento que sin valor económico pueda sostener sus valores sociales. La economía forma parte de lo social y no podemos obviarlo, igual que lo planteaba Bourdieu, la economía tiene también unas importantes bases y construcciones sociales. Si no somos capaces de comprender que todo forma parte de un mismo conjunto difícilmente podremos comprender el hecho del emprendimiento atendiendo a valores solo sociales o solo económicos.

Entiendo que es necesario enmarcar el debate del emprendimiento social o introducir nuevas variables más acordes a las nuevas condiciones en las que nos toca vivir. Alguien ha hablado que hemos pasado del Estado del Bienestar a la Sociedad del Bienestar y creo que es cierto, la sociedad del bienestar presenta coordenadas diferentes, nuevos problemas y necesita nuevas respuestas: innovación. Por tanto habrá que revisar todos los fundamentos que nos ayuden a abrir nuevas ventanas para comprender el mundo en el que vivimos.

domingo, 12 de mayo de 2013

Necesitamos 1.000.000 de emprendedores

El empleo en España se genera en el marco de las pequeñas y medianas empresas. Mientras los gobernantes no asuman que la única forma de acometer la creación de empleo en este pais está en legislar para las Pymes  estaremos  perdiendo el tiempo. España necesita 1.000.000 de emprendedores. Es la única alternativa posible a esta situación en la que nos encontramos en la segunda década del siglo XXI.

Y ¿cómo se hace esto? si el énfasis se pone en la creación y puesta en marcha de empresas, 1 millón hemos dicho, y cada empresa contrata a una, dos o tres personas estaremos contribuyendo a la reducción del desempleo de manera directa. Y sabemos que es la única vía posible, pero para ello hay que dejar que los emprendedores puedan desarrollar su trabajo, que se les reconozca la labor que desempeñan, que no tengan interferencias y que se valore la contribución que deben hacer para la obtención del bien común.

Las condiciones necesarias para favorecer que afloren este millón de emprendedores serían:

1.- que se reduzca el tiempo necesario para la creación de una empresa. Un emprendedor no puede estar peregrinando y somteido a la penitencia de las ventanillas únicas o múltiples y a la cantidad de documentación y requisitos para iniciar una actividad económica.

2.- que se le alivien de las cargas sociales para crear empleo. Los costes de contratación son altos para las pequeñas y medianas empresas. Esto debe resolverse en un estado de excepción en el que nos encontramos y permitiría la creación de empleo. Además los altos costes permitirían evitar la deslocalización de las empresas fuera de España.

3.- que la administración no haga competencia desleal desde empresas públicas y paragubernamentales. Esto es fundamental. En agricultura se denomina solarización a la técnica que consiste en cubrir el suelo húmedo con plástico transparente delgado a fin de incrementar las temperaturas que permitan destruir a la mayoría de los fitopatógenos, insectos y malas hierbas. La radiación solar pasa a través del plástico transparente, se convierte en calor, e induce cambios físicos, químicos y biológicos en el suelo. Este efecto de solarización es el que ejercen las empresas públicas, sobre todo en aquellos sectores en los que compiten con las pymes, impidiéndoles competir en condiciones de igualdad, acceder a la financiación y en los precios.

Con estos planteamientos habría unas condiciones mínimas para que las pymes y los emprendedores puedan desarrollar su trabajo de manera más efectiva que con las torticeras políticas de subvenciones.















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